Una mirada a la crisis humanitaria en Ucrania

Tristemente, durante algo más de una semana, todos hemos sido testigos de los terribles acontecimientos que han ido sucediendo en Ucrania. Los reportajes de televisión nos muestran de una manera directa – e inclusive de forma abusiva (buscando incrementar el rating con la excusa de sensibilizar a la audiencia) la destrucción y muertes que este conflicto está generando en estos momentos, pero poco se ha dicho aún a cerca de las secuelas fisiológicas, emocionales y cognitivas de quienes pese a haber sobrevivido, perdieron todo lo que les daba un sentido de continuidad e identidad en sus vidas.

Cadenas de televisión internacional, han sido criticadas estos días, por hacer hincapié en que el perfil de los refugiados de este conflicto es diferente al que usualmente los medios suelen mostrar: un perfil que presenta gente con vestimentas diferentes a la occidental, crónicamente desnutridas y con un bajo perfil educativo…el inmigrante o el refugiado del tercer o cuarto mundo, que huye de horrores a los que en cierta medida “ya estarían acostumbrados”.

Muchos reporteros Europeos o norteamericanos genuinamente impresionados han llegado a exclamar: “esta gente no están acostumbrada a esta clase de situaciones ! ellos son como nosotros” ( son Europeos, son occidentales, vestidos con ropa no étnica, con celulares, sin parásitos, bien nutridos, muchos de ellos profesionales sin problemas económicos hasta antes de la guerra, con niveles educativos intermedios y altos ) “estas personas no están acostumbradas a vivir así, no están acostumbradas al sufrimiento … a sufrir esta clase de dolor”

¿Podemos “acostumbrarnos al sufrimiento”? ¿vivimos en una sociedad que ha llegado a normalizar que para algunos grupos de personas “el dolor sea algo a lo que están acostumbrados”?

La Invasión a Ucrania constituye un evento gatillante de lo que se conoce bajo el nombre de “stress post traumático”. La mayoría de las personas tiene un vago concepto que pueden haber presenciado en películas donde los personajes, precisamente han experimentado una situación aterradora ( habiéndola sufrido y/o presenciado directamente ) tal como es el caso de quienes huyen de Ucrania en estos momentos, y evidencian síntomas que pueden incluir pesadillas y angustia, trastornos del sueño y alimentación, así como pensamientos intrusivos incontrolables sobre la situación traumática, que se revive una y otra vez durante periodos que pueden llegar a durar años.

A diferencia de lo que se ve en las películas, dependiendo del tratamiento que se le ofrezca, este cuadro se podrá ir superando favorablemente en tiempos acotados, ya que los cambios que el stress post traumático genera a nivel físico ( en cuanto a Conectividad funcional y modificaciones epigenéticas, es decir a cómo el organismo interpreta sus propias instrucciones genéticas y llega o nó a ejecutarlas ) son inicialmente transitorios. Las intervenciones y la reinserción social ofrecidas en el corto plazo son la clave para que no se pase de secuelas transitorias a cronicidad y patologías, e inclusive condiciones de riesgo transgeneracionalmente transferibles.

Una persona que ha huido de Ucrania en estos momentos, sufrirá hondamente y pasará un duelo por la pérdida de su realidad y mundo previo ( su “organismo” extrañará rutinas, caras, calles, horarios, olores, paisajes … aunque mentalmente esté consciente de que está ahora en otro lugar, mucho más seguro y sin un peligro inmediato, su organismo perderá la continuidad de estímulos que lo rodeaban y que le daban una sensación de identidad y seguridad ) pero si recibe oportunidades de generar nuevas rutinas ( trabajo, escuela, un barrio que no lo discrimine) esa persona podrá re construirse paulatinamente y disminuir las secuelas que podría haber cronificado de no darse condiciones de apoyo e integración social.

Los niños que hoy huyeron con sus padres, verán su recuperación mediada por las condiciones que su grupo familiar llegue a experimentar en su nuevo entorno. Dependiendo de su edad ( aquellos mas pequeños suelen tener un pronostico de recuperación más rápido ) y condiciones previas (haber vivido con su familia en condiciones socio económicas estables y sin la presencia de familiares con patologías graves interactuando de manera directa con ellos) podrán integrase a la nueva sociedad que lo acoja, de mejor manera.

La clave aquí son las oportunidades que se ofrece a las personas y que dichas oportunidades sean planificadas dentro del conocimiento que hoy la investigación científica posee acerca de las “Trayectorias del desarrollo”: las condiciones que una persona ha experimentado desde etapas tempranas, durante el proceso de su crecimiento y como estás condiciones influyen sobre cómo una persona llega a construir su percepción y en base a ello, comportarse, tomar decisiones y relacionarse con quienes se llegue a encontrar durante su vida.

Si bien situaciones como el conflicto en Ucrania nos hacen ver con mayor claridad el sufrimiento humano, este se manifiesta de manera oculta todos los días en diversos grupos humanos que nos acostumbramos a invisibilizar. Sociedades permeadas por la inequidad normalizan el sufrimiento en determinados grupos, perpetuando las condiciones asociadas a ello.

A diferencia de un stress post traumático, el distrés asociado la pobreza, el hacinamiento y la discriminación crónicos están directamente asociados a la ocurrencia de interacciones marcadas por la frustración y el descontrol emocional que conducen al maltrato y la negligencia en el contexto más íntimo, que al sufrirse determina en las personas la presencia de alteraciones en la conectividad funcional cerebral desde etapas tempranas, las que suelen cronificase dado que el estrés en dicho escenario no es un evento que ocurra súbitamente, sino que es algo que se vive de manera constante, llegando a percibirse como una condición cotidiana que forma parte de la realidad, algo inmutable que constituye la naturaleza intrínseca de la existencia de quienes lo viven, convirtiéndose en una parte de su identidad y sus mecanismos perceptuales. Una niña o niño que nace en un contexto con este tipo de interacciones no llega a tener un punto de comparación que separe los eventos de su concepto de sí mismo y su visión de la realidad.

Desapego y negligencia por parte de los cuidadores y en muchos casos además el maltrato, generan las condiciones para lo que se conoce como “Trauma complejo”: el dolor y el sufrimiento se experimentan sin una posibilidad de encontrar patrones alternativos de relación con otros, y el organismo de quien lo sufre expresa a nivel hormonal y físico, patrones conductuales marcados por hiper reacciones, permanente ansiedad, alteración de patrones del sueño, y a medida que se crece, umbrales de dolor físico propios que afectan la empatía hacia el dolor ajeno ( lo que afecta oportunidades de jugar y compartir rutinas con otros ) evidenciándose patrones conductuales adaptados a un entono de violencia que determinan desadaptaciones a otros entornos como la escuela, donde además alteraciones en la atención caracterizadas por la hipervigilancia y dificultades para focalizar la atención, generarán desventajas de base para los aprendizajes cotidianos en el aula.

El carácter insidioso ( algo que se cuela en la vida desde antes de tener noción del yo, antes de poder elaborar que la violencia que es algo separado de mí y no una condición de la que soy parte ) y crónico del maltrato y la negligencia en el contexto inmediato de crianza, hace que sea complejo de intervenir desde dado que no es mentalizable, no es  algo que se pueda distinguir o separar de la propia existencia, sino que es parte de cada respiración, de cada latido cardiaco ( cada acción en una preparación del organismo para captar señales del entorno que puedan anticipar la violencia ) algo que siempre estuvo ahí, que nunca ha dejado de estar ahí y que difícilmente se llegará a creer que alguna vez dejará de estarlo.

Las toneladas de artículos de investigación científica que se han realizado en torno a esta temática, muestran que las secuelas de las que hablamos no son psicológicas, sino de que todo el organismo y por tanto implican que las intervenciones que se realicen vayan más allá de lo conversacional e impliquen planes de apoyo integral ( alimenticios, educativos, de hábitos, rutinas y horarios, de preparación física y emocional de quienes intervengan para que puedan aprender a generar interacciones emocional y corporalmente adecuadas que den estímulos que perceptualmente desensibilicen conductas hiper reactivas de quienes están siendo intervenidos ) y cambios estructurales que apunten tanto a modificar las alteraciones evidenciadas por quien ha sufrido maltrato, como las condiciones asociadas a la exclusión social a la base de fenómenos como la negligencia y el maltrato.

El campo de mayor crecimiento en investigación hoy en día es el de la Conectividad funcional del cerebro, como forma de identificar alteraciones que impliquen por ejemplo el deterioro de funciones cognitivas, presencia de patologías del ánimo y/o conductuales. Es el estudio de las sincronías producidas entre áreas del cerebro, que se conectan durante la realización de distintas funciones, permitiendo identificar patrones de funcionamiento ( que combinan diferentes áreas en diferentes tiempos y con distinta duración ) mientras se realizan diferentes funciones cognitivas, emocionales y motoras. Si bien hay sectores del cerebro que se sabe participan de manera determinante en funciones más bien específicas, también se sabe que el funcionamiento del organismo se asocia a una combinación de áreas que trabajan conjuntamente al realizar una determinada tarea.

La mayoría de los países poseen poblaciones de personas que históricamente han experimentado crónicamente situaciones de exclusión. Las estadísticas a nivel global muestran que inclusive en países donde la equidad socio económica es alta, existen grupos que tienen a quedar algo más atrás en cuanto a niveles de participación social y cultural, y que a su vez presentan menores índices de “bienestar socio emocional”, ello por poseer perfiles neuro diversos o provenir de sociedades de origen, con valores o características culturales diferentes ( migrantes, refugiados, minorías étnicas ). No obstante, aquellas sociedades que han implementado políticas públicas “basadas en la evidencia” (científica) han resultado ser más efectivas para generar inclusión social y disminuir estas brechas.

Si los gobiernos – independientemente de su tendencia política- se abren hoy a la vasta evidencia que la comunidad científica está generando y desde esta orientan sus intervenciones sociales y educativas, podremos generar cambios significativos sobre las condiciones que cronifican el sufrimiento.  

Pese a la gran diversidad humana, las secuelas del sufrimiento son innegablemente universales: la diferencia está qué hacen las sociedades para generar las decisiones y mecanismos para poder superarlas.

Articulo de Carmen Gloria Jimenez para deLogística

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