Editorial

Terremoto en Chile ¿Qué lección nos entrega?

Chile se caracteriza por ser un país sísmico, al estar ubicado en el Anillo de Fuego del Pacífico, y los terremotos de los últimos años nos lo recuerdan constantemente, como lo hizo el 8,8 grados Richter en la zona centro sur en Febrero de 2010 y este año hace una semana en el norte con 8,2 grados. Considerando esta situación, el sentido común dice que deberíamos estar preparados para estos desastres naturales, teniendo organismos especializados e infraestructura de emergencia a mano. Sin embargo esto no ocurre, ya que al momento de un desastre a todos nos toma por sorpresa y comenzamos a reaccionar de diferentes maneras; por ejemplo –los que hemos vivido un terremoto- sabemos que lo primero de lo que nos preocupamos es por nuestros seres queridos y buscar pronto un lugar seguro para protegernos, después nos acordamos de buscar agua y alimento pero nos damos cuenta que ya no hay ni lo mínimo que uno necesita, y lo peor es que hay personas heridas o han perdido la vida, aumentando la incertidumbre y desesperación.

Es aquí donde se hace urgente que el Estado esté preparado y responda eficientemente a través de la ONEMI –organismo que tiene como misión planificar, prevenir y responder coordinadamente ante desastres de cualquier tipo que pongan en riesgo a la población-, que en el 2010 demostró que no estaba preparado para enfrentar asertivamente el desastre del terremoto ocurrido en la madrugada del 27 de febrero, debido a que no hubo planificación ni coordinación de sus acciones, aumentando los daños en la población significativamente.

Para responder eficientemente a las necesidades básicas y de emergencias, la logística se hace imprescindible desde el punto de vista estratégico y operacional. Al gestionar toda la cadena de suministro, se consideran los medios de comunicación más eficientes para entregar información oportuna, se considera la ubicación y cantidad de proveedores de alimentos básicos y medicinas más urgentes, así como el transporte y distribución donde se identifican los tipos de vehículos adecuados para el transporte de personas, alimentos, baños químicos, agua y medicinas, con las rutas alternativas para llegar oportunamente.

Cuando no se considera la logística en los planes de emergencia, ya sea por temas financieros o ignorancia, ocurre desabastecimiento de todos los productos básicos y esenciales, aumentando el problema y la angustia en la población, y más grave aún, en la pérdida de vidas humanas.

Podríamos decir que lo único bueno que tienen los desastres naturales es que nos muestran qué tan preparados están los organismos del Estado desde el punto de vista logístico para actuar de forma planificada y oportuna, y ver si somos capaces de aprender la lección para no volver a cometer los mismos errores en futuros desastres naturales.

 

Edgard Parra Huenchulaf

Sub-Director Ejecutivo en deLogística.com

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