Editorial

Alza de petróleo y su efecto en los precios de los productos: ¿realidad o especulación?

El año 2014 se ha caracterizado hasta ahora por un invitado no deseado, el alza en el precio del petróleo, lo que se da -en el caso de Chile- por variables exógenas tales como la disminución en la oferta mundial, amenazas de conflictos que involucran a países productores, demanda de las grandes potencias por factores climáticos; en fin, muchas variables que a la larga tienen un resultado, la subida de precios, pero ¿realmente se traspasa este efecto a servicios y productos para los consumidores? Aquí trataremos de buscar algunas claves.

Si revisamos el caso del transporte público, aquí el efecto es un poco más claro ya que el petróleo es el costo más relevante de la estructura de precios, en cierta manera se tiene algo de claridad en los porcentajes que debiesen subir por este efecto, ya que en teoría existen polinomios de reajustabilidad, la pregunta es ¿se están monitoreando constantemente? No nos queda tan claro, sin embargo, debiese ser así, hasta ahora independiente que baje o suba el petróleo a nivel de costos (casi siempre en porcentajes disímiles), la tarifa del “boleto” se mantiene o sube, nunca baja. Esto ya genera una mínima duda, ya que por ejemplo si hacemos una comparación con el IPC (Índice de Precios al Consumidor) que influye directamente en la UF (Unidad de Fomento) estos se mueven en forma proporcional, ya que muchas veces hacen que paguemos menos por el dividendo de nuestras casas por citar un ejemplo, pero en la tarifa de transporte no se ve esto reflejado; ahí queda la interrogante de cómo funciona exactamente el polinomio con los operadores.

Ahora si nos vamos a los productos, aquí nos encontramos con muchas preguntas, siendo la más importante ¿se están traspasando al precio final el proporcional real de las alzas? Aquí es fácil perderse ya que en estricto rigor, dependerá de dos factores, primero, la estructura de costos de cada transportista y la segunda el origen – destino de los productos. Si analizamos la primera variable nos podemos encontrar con dos claves importantes; la primera se refiere a la diferente ponderación del costo del petróleo que dan los distintos transportistas, usualmente del orden del 50% de los gastos de un viaje, que sin embargo puede cambiar dependiendo de la zona, donde factores como el costo de la mano de obra (especialmente choferes y peonetas) puede aumentar o disminuir dicho porcentaje. La segunda clave es el tipo de camión y su rendimiento, ya que los transportistas definen sus marcas de camiones por variables que a veces pueden resultar muy subjetivas y no necesariamente orientada a la eficiencia y rendimiento de los equipos; solo por colocar un ejemplo, el elegir un tipo de camión versus otro puede generar diferencias en capacidad de carga y rendimiento cercanos al 20%, la pregunta es ¿Quién paga ese flete falso? Y la respuesta es casi obvia, se traspasa a la tarifa de transporte y por ende al producto, pero es ¿justo pagar dichas ineficiencias?

La segunda variable es el origen y destino de los productos; aquí el panorama se complica un poco si revisamos, por ejemplo, el caso de las frutas y las verduras, que en teoría debiesen subir de precio a medida que se alejan de los puntos de producción, sin embargo, muchas veces esto no es considerado y se ajustan al origen más lejano, o simplemente se especula (o justifica) con las alzas del petróleo. El ejemplo que se nos viene a la mente son las papas, ya que según la FAO son el cuarto producto alimenticio básico a nivel mundial, sin embargo, la relación de costos versus precio final en ferias y supermercados difiere mucho de lo que realmente son; sólo para entender un poco, las papas en Chile se producen en más de un 70% entre las regiones del Biobío y la de Los Lagos, siendo la mayor productora la región de la Araucanía con un 36% del total nacional, sin embargo, al momento de ver la implicancia del flete de estos productos no queda muy claro o simplemente no cuadran dentro del precio final.

El desafío es para las entidades  fiscalizadoras tales como el Ministerio de Agricultura, el Ministerio de Economía y un Sernac empoderado con recursos, que permitan generar un observatorio real de precios tanto de servicios como productos, a través de un análisis de costos de la cadena logística en forma simple y pública que puedan prever o estimar que si sube el petróleo en un cierto porcentaje, el alza de los servicios y los productos debiesen moverse en rangos preestablecidos y así generar la confianza en nosotros los consumidores, que estemos pagando por un buen producto y en un precio justo, queda el desafío planteado.

PD: Las papas del sur son muy ricas, sobre todo al merquén.

RRT

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