Editorial

Transporte público en Chile ¿de clase mundial?

Cuando hablamos de Logística Social sin duda el transporte público es un claro ejemplo, ya que al planificarla eficientemente en su parte operacional (redes, paraderos, sistemas de pago, monitoreo, o buses modernos) y en su parte estratégica, es decir, calidad, cantidad y oportunidad, tendríamos un beneficio social y ambiental que llegaría a toda la población; y aquí nos surge la primera pregunta ¿la gente percibe estos beneficios? Pareciera que no.

Esta semana hemos podido observar en los diferentes medios de comunicación que el sistema público de transporte de la capital de Chile, más conocido como Transantiago, cumple 7 años desde su inauguración el 10 de febrero de 2007, entre confesiones de “mea culpa” (a veces sin mucha autocrítica) o declaraciones de autocomplacencia por las mejoras (de nuevo sin mucha autocrítica). No está claro si tenemos mucho que celebrar o mucho que lamentar, ya que si bien las percepciones de los usuarios parecen haber mejorado (no sabemos si por cansancio o acostumbramiento), lo objetivo es que todavía queda demasiado por hacer, ya que no es posible que muchos chilenos pasen más de 4 horas al día arriba de un bus.

Hemos tenido la suerte de conocer dos íconos del transporte público en Sudamérica, uno en Bogotá (Colombia) conocido como el TransMilenio, que fue inaugurado el año 2000 y que presta servicio a 7.7 millones de personas; y otro en Curitiba (Brasil) conocido como RIT (Rede Integrada de Transporte) que fue inaugurado en 1974 y que presta servicio a 1.7 millones de habitantes; que si bien tienen algunas diferencias en tamaños de flotas, superficies operacionales o público usuario, tienen un parámetro común: funcionan.

Si teníamos todos los antecedentes técnicos, si habíamos enviado expertos a varios países para copiar las mejores prácticas, si teníamos un presupuesto inicial de operación y muchas otras cosas a favor, ¿Qué falló entonces? Pareciera que no nos podemos sacar de encima la forma de hacer las cosas en Chile, que inclusive tenemos hasta el eslogan “The Chilean Way”, que pareciera que es un himno de la improvisación y de la urgencia del momento, ese afán de mostrar cosas y sacarnos fotos, pero sin mucho “fondo”, casi solo “forma”.

Se nos viene a la mente esas micros viejas arregladas y repintadas con los colores corporativos del nuevo proyecto, pero que contaminaban más que las micros básicas, ¿eso perseguía el proyecto? Creemos que no, pero sin duda este es un ejemplo más, de que debemos empezar a hacer las cosas bien, y ver sobre esa base si las podemos hacer rápido (y no al revés), con una visión transversal de Estado, independiente del gobierno de turno, debemos empezar a hablar en serio considerando todas las variables y a expertos vengan de donde vengan; he ahí el desafío con altura de miras, dejando de lado las cosas chicas o pequeñeces del momento, aquí tenemos el reto, de cambiar el “corto plazo” por el “largo plazo”, o ustedes creen que cuando construyeron el Puente de Brooklyn de Nueva York el año 1883 pensaron “en un par de años vendrá otro gobierno así que hagámoslo rápido”.

PD: Quizás el dicho a aplicar en estos casos es “Vámonos lentos que estamos apurados”.

RRT
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